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Encuesta #1

Me di la vuelta y vi a un chico más o menos de mi edad acercarse. Estaba oscuro, así que no distinguí bien su rostro. Pasó a mi lado y entró en el parque, por lo que supuse que no era él.

Pasaron unos diez minutos y no pasaba nadie por allí. Estaba cansándome de este jueguecito, así que di media vuelta dispuesta a marcharme. Entonces, me topé con alguien.

―¿Adónde ibas? ―dijo el chico de cabello rubio que estaba frente a mí.

―¿Eres Eric? ―pregunté algo impaciente.

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Asomé la cabeza por la puerta de la cocina y vi a Lana pelando patatas. Intenté escabullirme pero ya era demasiado tarde.

―Te he pillado, pequeña.

Me arrastré hacia la puerta de la habitación con los ojos en blanco y dije:

―Lana, no me llames pequeña. Te lo he dicho mil veces.

―Pero es que todavía eres mi pequeña. ¿Dónde ibas?

Pensé antes de contestar. Era muy difícil engañar a la vieja de Lana.

―Iba a salir a comprar algo que me hace falta. Para la clase de mañana.

―¿Ahora? Son las 7, ya mismo es la cena.

―Lo sé, no tardaré.

―Ay, qué cabeza la tuya, Claire. Mira que acordarte ahora―dijo lavándose las manos y cogiendo una manzana del frutero.

―¡Has comprado manzanas rojas! ¡Mis favoritas! ―dije quitándosela de las manos. Lana siempre estaba en todo.

―Sí. Las vi en el mercado esta mañana y decidí comprarlas―dijo con su eterna sonrisa.

Salí de la cocina y me dirigí a la entrada, no sin antes mirarme en el espejo. Entonces, recordé para qué salía a la calle. El malhumor me volvió a invadir.

―No te la comas ahora o sino no cenarás luego―chilló Lana desde la habitación contigua.

―No te preocupes, Lanita. ¡Vuelvo enseguida!

Y acto seguido salí hacia St. James Park.

Descolgué el teléfono y contesté:

―¿Diga?

No escuché nada al otro lado, así que volví a hablar.

―¿Hola? ¿Hay alguien?

―Hola…

―Sí, dígame.

―¿Claire?

―Sí, soy yo. ¿Quién es?

―Me llamo Eric.

―Lo siento, creo que no te conozco.

―Lo sé. Pero yo a ti sí.

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Californian Girl

La cálida arena me acariciaba los pies y la luz anaranjada del sol me daba en la cara. A penas había nadie en la playa. Todos se habían ido a sus casas, probablemente para aprovechar los últimos minutos del domingo antes de comenzar una nueva semana.

Solo se oía el musical sonido de las pequeñas olas rompiendo en la orilla del mar y algunas risas despreocupadas de personas a las que, seguramente, ya no vería más.

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Muchísimas gracias a todos lo que habéis visitado mi pequeño mundo. Ya van más de 1.000 visitas. ¡Muchas gracias!

lovebook

Siento mucho haber dejado esto tan tan abandonado todo este tiempo :( He estado muy liada con los exámenes y las clases. El otro día me pasé por aquí y vi el número de visitas y, la verdad, me subió muchísimo el ánimo, asi que voy a intentar seguir subiendo mis pequeñas historias para vosotros.

Sin más, me despido no con un ‘adiós’, sino con un ‘hasta luego’ :)

Pequeño parón

Siento comunicaros que me encuentro en época de exámenes y entregas de trabajos y no me da tiempo a actualizar el blog. Seguramente ya el viernes suba otro capítulo más de cada relato y… un nuevo relato largo que seguro os gustará.

Gracias por pasaron por aquí y espero que os animeis a comentar que os parece todo en general xD

Besos!!

-Pues al final no fue tan malo, ¿no?­­-comenta Kate a la salida del examen.

-¿Pero qué dices? No he dado una. Ya verás la cara de mis padres cuando tengan que firmarlo.

Nos dirigimos hacia el aula 7, que está justo enfrente de la secretaría. Allí damos idiomas y este trimestre toca italiano. La verdad es que no es un idioma muy difícil, es más, lo prefiero mil veces al francés, que parece que en lugar de hablar estás haciendo gárgaras.

Al llegar a la clase, nos sentamos en nuestro sitio de siempre. Justo delante está Wendy en su pupitre hablando con Nina. Al parecer es algún tipo de secreto porque no me entero de nada.

-Sigue leyendo…>

Nuevas secciones

¡Hola a todos!

Acabo de incluir dos nuevas secciones en el blog. Las encontrareis arriba de la página, por encima de la cabecera. He creado una para cada uno de mis relatos largos y así tener todos los capítulos de una misma historia juntos y facilitar la lectura. Espero que sea de vuestro agrado.

En lo que queda de día intentaré subir los próximos capítulos de estas dos narraciones.

Os mando un beso a todos y feliz lectura!!

Eran ya casi las 8 y media. Avancé hacia el edificio de bachillerato tan corriendo como pude. El examen era a las 9.30, pero ahora tenía matemáticas y debía de entregar unos ejercicios al profesor sobre las funciones. Dios, como me apasionaba ese tema. Con los números todo parecía tan fácil…

-¡Allie!

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Ella [Capítulo 3]

-Perdona, ¿te queda mucho?

El chico que había en la cabina de teléfono alzó la vista y la miró con cara de pocos amigos.

Amanda dio media vuelta y se puso a caminar cuesta abajo. La noche era cerrada, no había ni una estrella en el cielo y la luna había desaparecido por completo. «Menos mal que las farolas están encendidas» pensó Amanda.
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Momento invisible

Sin lugar a dudas, he llegado a una conclusión. Cuanto más estresada o, mejor dicho, cuanto más cosas tengo que hacer, más ideas se me ocurren para distraerme. Como por ejemplo, me da por crearme blogs. O fotologs. O tuentis. O lo que sea.

Es una cosa bastante extraña, pero sé a ciencia cierta que le pasa a más personas, no solo a mí.

Cambiando de tema, últimamente descubrí el MySpace de una chica que actúa en 90210. Se llama Jessica Lowndes. Y canta de maravilla. Tiene unas cuatro canciones subidas en su página y, según cuenta ella, las escribió hace unos dos años junto a un amigo suyo. Y la verdad, me encantan. Sobre todo las baladas Never Lonely y Goodbye.

A continuación dejo una de ellas.

Goodbye de Jessica Lowndes

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A esto le llamo un momento invisible, porque solo yo sé que existe…

Me sentía fatal. No sabía qué hacer.

Ya todo había terminado…

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TRES MESES ANTES

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Ella [Capítulo 2]

-¿Qué dices? Ni se te ocurra.

-Solo es una fiesta de chicos de instituto. No pasa nada. Si ni siquiera cobran la entrada. Es solo para beber algo y gratis.

-Ya. Pero no quiero que vayas. Quiero que vengas aquí. Conmigo.

-Mira, ni siquiera sé por qué te he llamado. Yo hago lo que me da la gana.

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Ella [Capítulo 1]

Ella estaba al otro lado de la habitación. Sostenía un vaso en la mano. Tenía la mirada perdida y movía la cabeza inconscientemente al compás de la música.

Llevaba un vestido de gasa blanco hasta las rodillas con pequeños bordados en el escote y las mangas. Tenía el pelo recogido en un moño informal con algunos mechones sueltos. El gran collar de nácar que descansaba en su pecho reflejaba los múltiples colores que las luces del local emitían.

Miré a mi alrededor, cerciorándome de que nadie me vigilaba y me permití observarla un rato más.

Sigue lenyendo…

Señales

Crucé la calle en aquella tarde otoñal de Noviembre, tapándome bien la garganta con la bufanda. A pesar de que no hacía mucho frío, un escalofrío me recorrió la espalda al poner el pie en la acera y seguir mi trayecto hasta la cafetería de siempre.

Allí me esperaba mi novio, Luis. Me llamó hace una hora para quedar en Café Indias, nuestro bar habitual. Solíamos quedar casi todas las tardes, excepto los martes y jueves, que le tocaba turno de noche en el centro comercial donde trabajaba de guardia de seguridad.

Llevamos juntos dos años. Sigue leyendo…

Un día cualquiera

No puedo creer que mañana todavía sea miércoles. Son las 5 de la tarde y llevo todo el día de aquí para allá con papeles que aún no me he estudiado. Dios mío, ¿qué he hecho? Mañana tengo un examen de historia y ni idea de Napoleón y la revolución francesa. Voy a suspender. Soy un desastre.

De todas formas, ¿para qué me va a servir eso? Yo quiero ser veterinaria y la historia lo único que hace es amargarme aún más la existencia. Encima tengo que llevarle el trabajo de francés a Gina para que lo acabe y lo imprima para mañana. ¡Dios, que estrés!

Aunque, claro, es normal que esté estresada ahora, si me he pasado el día de bar en bar con mis compañeros de clase. Creo que ellos tienen tantas ganas de estudiar como yo.

Me dirijo hacia el piso de mi amiga Gina, que está entre el parque de San Luis y la residencia universitaria. ¡Ay, universidad! Ahí querría yo estar. Pero no pasa nada, solo queda un año. ¿Pero qué digo? ¡Solo quedan 4 meses! La universidad es lo mejor. Fiestas, cafeterías, días enteros de juergas y muchos chicos.

-Perdona, ¿vas a subir? -me dice un chico en la puerta del ascensor del edificio de mi amiga Gina.

-Sí, gracias.

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